Mi actividad extracurricular

A mí siempre me han encantado los caballos. Cuando era niña, mis juguetes favoritos eran juguetes de caballos. Mis libros favoritos eran los libros de “Pony Pals,” que trataban de un grupo de amigas que tenían ponis. Muchas veces, mi madre me encontraba gateando en el suelo, imaginando que yo era un caballo. En general, yo estaba obsesionada. Aprovechaba cada oportunidad que tenía de montar caballos – en festivales, carnavales, ferias y granjas. Pero en estas experiencias, yo nunca tenía control sobre el animal, o sea que él simplemente seguía al caballo de delante.
Yo quería aprender cómo montar un caballo, pero en los Estados Unidos, las clases de equitación son muy caras. Además de eso, yo crecía y vivía en un área urbana, muy lejos de campos y establos. Por la falta de una oportunidad de estar cerca de los caballos habitualmente, mientras crecía, mi obsesión sobre los caballos disminuyó hasta que llegó a un interés normal.
Avance rápido hasta ahora. El programa TuftsSkidmore nos da dinero para actividades extracurriculares aquí en España. Hay muchas opciones como hacer un deporte, ir a un gimnasio, coger clases de baile etc. Cuando me enteré de que tenía la oportunidad de coger clases de equitación en Alcalá, me puse super emocionada. ¡Finalmente, una oportunidad para vivir el sueño de mi infancia! Entonces, por supuesto, decidí apuntarme a estas clases.
Hasta ahora, he tenido tres clases de equitación. Mi profesora se llama Marina, y es una chica joven y simpática. Solo hay otra estudiante en mi clase, y se llama Jasmine. Jasmine tiene ya un año y pico de experiencia con los caballos, por eso ella sabe muy bien cómo hacer las cosas. Antes de cada clase, yo preparo mi caballo. Pongo la silla y los riñones, y ajusto los estribos a mi altura. Cada vez he montado un caballo diferente – Bonami, Santo, etc. Me gustan mucho todos los caballos que tienen allí, y sé que todos son amables. Pero, en mis clases siempre tengo problemas con ellos haciéndolos trotar o (algunas veces) parar de correr. Pienso que mi falta de control viene del hecho de que yo soy completamente nueva en estas cosas, y que sé que los caballos pueden sentir mi confusión.
Pasamos cada clase trotando alrededor de la pista, practicando diferentes métodos y formaciones. Me gusta todo lo que hacemos, excepto trotar sin estribos, porque duele como nunca hubiera creído posible. Siempre vuelvo a casa con el culo dolorido, pero pienso que vale la pena. Me encantan los caballos y me alegro mucho de aprender cómo montarlos durante mi tiempo en España.

Abigail Setterholm. Tufts in Alcalá, otoño 2012.

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