La mujer sin nombre

             No tengo nombre.  Tenía un nombre, desde hace mucho tiempo.  Pero ahora soy una mujer sin nombre.  Tampoco tengo vida.  Paso mis días volando con el viento, empujada pasivamente desde un sitio a otro.  A veces soy una hoja, Woman__X_years_old_Nameless__by_niavaahmirando a la gente tomando un café o andando por la calle desde arriba en un árbol antiguo y silencioso. Otras veces soy un rayo de sol que se cae en la espalda de un gato perezoso, bostezando mientras duerme.  La verdad es que soy todo y nada; estoy aquí y no existo.  Pero cada día, unos minutos de cada día, tengo un nombre.  Tengo una vida y una cara y dos labios y un corazón.  Y tengo mi amor.

            Cuando vivía, trabajaba lejos de mi casa.  Cogía el tren cada mañana y regresaba cada noche.  Mi esposo trabajaba cerca de nuestra casa, y cada día me acompañaba a la estación de trenes y me besaba allí, en el andén.  Así es cómo nos despedíamos todos los días.  Pero en esos días sabíamos que estaríamos juntos cuando regresara de mi trabajo.  Ahora sabemos que nunca vamos a estar juntos otra vez.  No puedo salir de este mundo sin él.  No puedo vivir y no puedo morir.  Estoy atrapada en el purgatorio.

            Mi bendición y mi infortunio es que cada día, de repente, me encuentro en el tren; el mismo tren que cogía cuando vivía.  Cada día, cuando el tren llega a la misma estación en la que nos besábamos y nos despedíamos, me bajo del tren y veo a mi esposo.  Me espera todos los días.  No tenemos tiempo para hablar; solamente tenemos tiempo para besarnos y abrazarnos.  Lo hacemos todos los días, y luego, desaparezco.  Me subo al tren y, de repente, soy una hoja o un rayo de sol otra vez.

            Pero recientemente, he notado que mi esposo está cambiando.  Suele parecer cansado.  No me abraza con tanta fuerza.  Tiene más pelos grises cada semana.  No quiero que mi amor pase el resto de su vida esperando la muerte, para estar conmigo otra vez en este lado de la vida.  Tengo que irme; tengo que liberarlo.  Tengo que despedirle para siempre, por su bien.  Mañana no me bajo del tren.

Rachel Attias. Fall 2013. Skidmore in Alcalá

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