Entre tetas

Cinco de la tarde, prisas en Atocha, debíamos recoger a mucha gente que no se conocía entre sí en distintos puntos del suburbano madrileño. Nervios por la cantidad de gente a la que coordinar y la dificultad que ello entraña y Eva y yo a golpe de teléfono.

Nadie diría que media hora después estaríamos saliendo del metro de Portazgo y ya tuviéramos estudiantes (puntuales como siempre) esperándonos.

Tras las presentaciones oportunas amigos de la UAM, del pueblo y estudiantes de Tufts y Skidmore se mezclaron en un cóctel cultural y a los pocos minutos parecía que todos nos conociéramos desde hace años. Y es que Madrid y el carácter madrileño siempre han invitado a eso: a la apertura hacia el otro y su descubrimiento y parece que nuestros estudiantes ya han adquirido a la perfección este carácter tan integrador además de otros muchos matices que la cultura española les ha transmitido.

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Además la gran mejora de todos ellos ya les permite hasta bromear, de esto me di cuenta cuando al estar paseando entre los montículos de césped (antes montículos de basura), conocidos como las siete tetas, uno de los estudiantes nos comentó a varios amigos españoles: ¡Ay!, no se me ocurre nada mejor que pasar una tarde de sábado entre tetas; tras el comentario una risilla socarrona confirmó que quería hacer uso de este doble sentido tan usado, canalla , castizo y madrileño.

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Y así poco a poco subimos a lo alto de una de estas colinas, cerros, tetas o como queramos llamarlos y contemplamos una vista de todo el skyline de Madrid que para todos fue más impresionante aun de lo esperado.

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Unas cuantas fotos, bromas e intercambios de móviles después; anocheció; y Madrid se revelaba de la manera que más nos gusta a los gatos (madrileños con tradición) de noche e iluminada por los cientos de bombillitas en el horizonte que desde nuestra posición parecían ínfimas.

Sin título4Tras ver el anochecer desde estas vistas privilegiadas, Madrid se nos presentaba a todos (madrileños y estudiantes cada vez más madrileños- a las pruebas me remito-) en su forma más activa y de la que más nos gusta disfrutar, bajamos del cerro muy alegres de la visita y con ganas de volver.

Abel Miranda Alonso, mentor de Madrid, primavera 2014.

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