Segovia

Nueve de la mañana y el despertador sonaba para un día trepidante.

A la llegada a Colón nuestros pies andaban solos hacia esa plaza ya habitual de espera del autocar, donde ya se podían observar a todos los estudiantes ocupando su posición en ese pedacito de Madrid que ya habían hecho suyo a fuerza de viajes; podía distinguir perfectamente los sitios habituales que los estudiantes solían tomar viaje tras viaje; y es que como tantos otros madrileños lugares; nuestros estudiantes habían habitado también este.

Con algo de sueño, pero aliviados de que el madrugón no se asemejara al de Valencia,subimos a un autobús que nos llevaría en algo más de una hora a nuestro destino (Segovia). En el viaje me asombró la gran mejoría que habían hecho todos en su español, reconocí el buen trabajo que Miguel y Enrique, profesores de gramática, habían hecho explicándoles los matices de nuestra bonita lengua.

Al bajar del autobús nos encontrábamos en un ambiente predilecto, bajo el Acueducto segoviano, estandarte de Segovia, en el cual el profesor Arturo Colorado empezó su explicación con su profunda voz grave que tanto nos gusta a todos.

Al partir de este inigualable lugar fuimos a la Iglesia del Corpus Christi, una antigua sinagoga mayor y que según algunos autores se levanta sobre una mezquita anterior (no se me ocurren mejores exponentes de las tres culturas que convivieron en España). Aquí tuvimos la suerte de que además de las acertadas reflexiones de Arturo se uniera la voz de una monja que rompió su voto de silencio al ver a tanto estudiante interesado, para defender la labor de mantenimiento cultural llevada por las hermanas.

Tras esta localización nos encaminamos a la catedral, imponente y majestuosa como todas las que habíamos visto, pero con un toque a todas luces inigualable. Todo ello ilustrado por las rigurosas a la par que entretenidas explicaciones de Arturo.

Finalmente, nos acercamos al Alcázar de Segovia, una joya de la arquitectura que -me avergüenza decir- descubrí su majestuosidad a la vez que nuestros estudiantes; tras lo cual dimos un ameno paseo alrededor del río para descansar en una verde praderilla. Desde esta, el autobús nos llevó a los que quisimos a ver un cementerio judío realmente impresionante y perfectamente explicado también de la mano de la profesora Alicia Torija.

Por último, el autobús nos llevó a un punto común de encuentro desde el que nos separamos en buses según procedencias (Alcalá o Madrid) y tras una despedida un tanto agridulce (marcada por lo poco del programa) partimos hacia Madrid dónde algunos de nosotros animados por el buen tiempo y la hora aún temprana fuimos a dar un paseo y tomar algo juntos celebrando lo bien que lo habíamos pasado.

Abel Miranda Alonso, mentor de Madrid, 2013-14

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