La universidad en Estados Unidos

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ANA I. DEL CASAR- Apenas llevo mes y medio en Estados Unidos, pero en las cosas del día a día he descubierto con sorpresa que hay muchas menos diferencias de las que había podido imaginar: nos vestimos de una manera similar, el modo de vida de un estudiante no es muy diferente e incluso la comida en Dining Hall puede compararse más o menos a la de una familia media en España. Sin embargo, sí hay un par de puntos en los que estoy teniendo que esforzarme para adaptarme e integrarme y uno de ellos es la universidad.
En España la carrera que se estudia está determinada desde un primer momento, pero aquí un gran porcentaje de los estudiantes de primer año o freshmen dicen estar “undeclared”, esto es, no saben qué quieren estudiar. Para decidirse, tienen todo un curso por delante en el que pueden coger las asignaturas más variadas con el fin de saber qué es lo que les gusta más. Esta libertad no termina una vez pasado el primer curso, sino que continúa durante toda la carrera (aunque se reduce en los dos últimos años). Así, no es extraño que un estudiante de Psicología sólo dé una asignatura de su ámbito durante un semestre, porque las restantes (tres o cuatro normalmente) son música, historia del arte y economía, por ejemplo.
Esta metodología permite a los estudiantes tener una mente flexible, abierta a todos los campos, pero al mismo tiempo les exige la capacidad de defenderse tanto en ciencias como en humanidades, lo cual puede ser considerablemente difícil. Comprendiendo este sistema educativo (propio de los liberal arts college, no de todas las universidades norteamericanas) se entiende que haya sido en Estados Unidos donde hayan surgido estudios como los de género o los de multiculturalismo, que se basan en combinar datos procedentes de varios ámbitos. De hecho, muchos alumnos coinciden en que este rasgo fue el que causó que se decantasen por Skidmore College, una preferencia que al parecer bastantes empresas y empleadores comparten.
gradNo obstante, también hay una desventaja a tener en cuenta: los estudiantes pueden llegar a saber menos de sus áreas de especialización. En España, un estudiante de Historia del Arte está de lunes a viernes, de nueve a dos, hablando única y exclusivamente de Historia del Arte, utilizando conceptos y terminología muy específica. Aquí, esa cantidad de tiempo puede disminuir drásticamente; además, los profesores han de estar preparadas para tener en sus clases a alumnos que nunca antes hayan visto nada de Historia del Arte, o que incluso estando en segundo o tercero de carrera, tengan un conocimiento relativamente endeble: recordemos que el primer año puede “no contar” en cuanto a conocimiento si no se ha cursado ninguna asignatura de la especialización.
En un principio, esta posible “falla” se solventaría con los “minors”, uno de los puntos que más me gustan de la educación norteamericana. A medida que uno estudia su “major” o carrera puede especializarse en uno o dos campos específicos. Por ejemplo, si yo tengo un major en Historia del Arte, podría tener mi minor en Estudios de Género y Estudios Africanos. Estas combinaciones abren la puerta a un nuevo mundo de estudio e investigación, absolutamente maravilloso. Uno no ha de esperar al máster para empezar a estudiar de una manera más selectiva, ignorando aquellos cursos que definitivamente no se quieren (todos tenemos asignaturas que sabemos que detestamos desde el principio). A esto se añade que la oferta de materias a estudiar es mucho más amplia que en España: en mi universidad, Asia apenas se toca; aquí, estoy cursando una asignatura fascinante sobre el arte del sudeste asiático.
En general, por sacar una conclusión sobre este punto, diría que el sistema de minors debiera exportarse a España, así como la amplitud de áreas tratados en los cursos ofertados. No debiera copiarse, por el contrario, la extrema flexibilidad de aquí para coger asignaturas fuera del major, porque es algo que se acusa en el nivel de más de un estudiante. En mi opinión, un estudiante de Historia del Arte en Madrid sale con un léxico, unas referencias culturales y una capacidad de estudio y debate sobre los ámbitos estudiados mucho más amplios de los que poseería un estudiante norteamericano que ha tratado esos mismos temas.
A este hecho también contribuye la estructura de las lecciones en Norteamérica. El modelo, tan común en España, de un profesor hablando y los alumnos copiando, no existe aquí. Por el contrario, una buena parte de todas las clases (y no sólo las de práctica) se centra en debatir, en que los alumnos hablen y lleguen a sus propias conclusiones, sin que el profesor se las tenga que decir directamente. Por esta metodología, los conceptos pueden quedar retenidos de una manera más clara en la mente del alumno, a quien además se le pueden ocurrir asuntos en los que el profesor jamás hubiese caído. No obstante, también es cierto que “se pierde” mucho tiempo y en lugar de tratar cinco piezas de arte por clase, se tratan únicamente tres. Los apuntes de un buen profesor en España equivalen a un tratado completo y extremadamente especializado que siempre se va a poder consultar.
library1¿Por qué sistema optar entonces? Por los dos. Se puede encontrar un equilibrio (real, no como en Madrid en muchas ocasiones) de clases magistrales y prácticas. Personalmente, tuve una profesora de arte contemporáneo que consiguió este objetivo tan difícil, casi utópico, y su asignatura es para mí (y para muchos de mis compañeros) una de las mejores de toda la carrera.
Otra de las diferencias más acusadas entre la universidad norteamericana y la española es la actitud del profesor hacia el alumno, algo directamente afectado por la diferencia de precio. En Madrid, he tenido la desgracia de aguantar a profesores (afortunadamente, una minoría) que directamente pasaban de sus alumnos; si no entendíamos las lecciones, era nuestro problema. Aquí, eso es inconcebible, un alumno tiene derecho a hacer su pregunta por ilógica que sea y, por supuesto, todo el material está siempre a disposición del estudiante: lecturas, Power Points, enlaces útiles… ¡Incluso los alumnos pueden pedir que los Power Points estén colgados online antes de la clase!
Claro, que después de haber pagado más de 50.000 dólares al curso, ¿cómo negar a los alumnos los Power Points? También, ¿cómo decirle al alumno que lo que acaba de decir es una tontería?
Eso nunca se escuchará dentro de un aula estadounidense; por el contrario, se recurre al eufemismo de “esa aportación es muy interesante, pero centrémonos más en…” El estudiante no escucha del profesor un comentario negativo, las evaluaciones espontáneas y orales van desde el “muy bien” al “maravilloso, adoro que hayas dicho eso”, aunque, por supuesto, a la hora de la verdad, los alumnos pueden recibir un suspenso.
Nuevamente, encuentro en esta forma de funcionar ventajas y desventajas. Las ventajas son evidentes: es absurdo que un estudiante tenga que vérselas y deseárselas para encontrar una imagen que puede caer en el examen y que sólo ha podido ver en el aula durante un par de minutos, como me ha ocurrido a mí en algún curso en Madrid. El alumno tiene todo el material en sus manos para demostrar todo su potencial. Pero, por otro lado, el universitario en Estados Unidos puede llegar a vivir en una especia de maravillosa burbuja acolchada totalmente diferente de la vida real: nunca va a tener motivo para quejarse, todo lo va a recibir a la primera, prácticamente nunca va a tener que invertir esfuerzo para aquellos asuntos que no son directamente el estudio. En España, es casi seguro que un estudiante sale de la universidad habiendo obtenido los recursos necesarios para aprender las cosas por su cuenta, para obtener su objetivo (aprobar una asignatura) cuando los factores más importantes le son adversos, para ir a un despacho a quejarse y hacerse escuchar.
De nuevo, creo que lo mejor es el punto medio: el profesor siempre ha de respetar al alumno e intentar potenciar su aprendizaje, pero al mismo tiempo ha de procurar la excelencia, lo cual implica corregir de manera firme al alumno. En general, yo diría que en Madrid ese punto medio lo ha conseguido la mayoría de profesores, aunque es más común encontrarse con el profesor borde que ridiculiza las respuestas incorrectas o que no tiene la más mínima intención de escuchar nada que no sea su voz que el otro extremo.

Ana I. del Casar, becaria de UAM en Skidmore College, 2015-16

Ana I. del Casar, becaria de UAM en Skidmore College, 2015-16

Por último, la diferencia que más puede sobresalir entre universidades de Estados Unidos y España es… su precio, por supuesto. Los estudiantes aquí alucinan con los precios que en España tenemos, pero, al mismo tiempo, yo siempre les recuerdo que ellos tienen la certeza de que, al salir del college, van a encontrar sí o sí un trabajo y, mayoritariamente, un trabajo en su área de estudio. Ya quisiéramos lo mismo en España.
P.S.: Y hay más diferencias… así de importante es el cambio de una universidad a otra. Cada modelo tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

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