En el Mercado de Motores

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ANDREEA STIRBESCU- Parece que el sol de Madrid se puso de nuestra parte este domingo: mentores, intercambios y estudiantes quedamos en la estación de Delicias para pasar una mañana cálida y divertida en el Mercado de Motores. El mítico lugar se encuentra en el antiguo Museo del Ferrocarril y ofrece cada segundo fin de semana del mes, un mercado de artesanía y moda vintage de aire hipster, así como una terraza repleta de food trucks.

2c8bdbe7-b288-444b-bbad-ecf933206f00Así pues, reunido nuestro equipo nos dirigimos hacia allí, y para susto y sorpresa de todos nos encontramos con una cola de cien metros de longitud, pero que para nuestra alegría avanzaba rápidamente. Los estudiantes llegaron a una sabia conclusión: si tanta gente se congregaba ahí esa mañana, aquel lugar prometía.

Y así fue, diez minutos más tarde abrimos los ojos ante lo que se desplegaba: dos majestuosos ferrocarriles de un tiempo pasado, coches de época, y una banda sonora que nos retrocedía a los años cincuenta. Entre aquello, numerosos puestos de comida artesana, ropa vintage y objetos manufacturados.

Lo cierto es que aquello estaba repleto, pero todos nos acercábamos curiosos a cada sitio, a ver que entrañable producto ofrecían al consumidor. Empezamos por el pasillo de la comida artesanal, donde pudimos degustar quesos, embutidos, boquerones, tomate embotado, alcachofas y otras muchas cosas. Algunos hicimos el trayecto en dos ocasiones, para poder repetir. En ese pasillo tomamos nota de unas extraordinarias galletas de chocolate a por las que volveríamos unas horas más tarde. A continuación, dimos un paseo y admiramos el resto de puestos: había cuadros de toda clase, posters estilo vintage, muebles pintados a mano y joyas.

c2b8ca08-23b2-4dda-8bf6-09f956211c0eSalimos después a la terraza y adquirimos las fichas con las que se compra la comida. Hacía un tiempo estupendo y la música de fondo ponía a todos de muy buen humor. Así pues, nos dividimos cada uno a su antojo para comprar la comida: hamburguesas, perritos calientes, croquetas artesanales, bocadillos de salmón ahumado, etc. Después nos reunimos en una mesa todos juntos. Pudimos comer tranquilamente y así estuvimos un buen rato.

Cuando ya dieron las cuatro de la tarde, pasamos por el puesto de las galletas que causaron furor y nos las comimos de camino al metro. ¡Estaban riquísimas!

Andreea Stirbescu, mentora

Andreea Stirbescu, mentora

La actividad dio sus frutos, pasamos un rato genial juntos, e hicimos una actividad diferente y divertida. Gracias a los que asistieron, espero veros en la próxima actividad, porque vosotros hacéis que sea posible.

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